España en mi corazón
¿Cómo podría expresar el amor que guardo para ti, España? ¿Debo decirte que estoy enamorado de la tierra seca de La Mancha y los nevados Pirineos, de la costa salvaje de la Bahía de Vizcaya y el calor de la arena en Matalascañas, de Santiago de Compostela y la Sagrada Familia, de las calles castizas de Madrid y el Barrio de Santa Cruz… que me gustan los besicos en Zaragoza y el pescao frito andalú, que quiero casarme con una Esther Aguirre, una Vanesa Corté', una Carmen Llull? Hay verdad en todo eso -tu diversificación me encapsula- pero es más que chocolate con churros en San Ginés.
Soy guiri y tengo una altísima admiración por Hemingway y Washington Irving pero el amor que tengo para ti no es la misma fascinación que tienen mis compatriotas escritores. Te ríes de mí porque no tengo ni la más mínima idea de todo lo que eres. Bueno, no voy a fingir entenderte en tu totalidad; supongo que como cualquier buen matrimonio nos iremos conociendo más a través de los años.
Con todo, es un amor profundo. Me has cambiado. Si fueras doña Inés y yo el Tenorio te diría que me has salvado, me has cambiado. No soy el mismo que antes.
En julio, empecé mis estudios para conseguir mi máster en Filología Española, en el precioso pueblecito de Middlebury, Vermont, y, más o menos, supongo que me gus… bueno, en total, aprendí algo. No puedo decirte nada de malo sobre el programa, que es una maravilla, pero pasé todos los días iguales. Me despertaba a las siete, desayunaba con 'granola', iba a clase desde las ocho hasta las doce, caminaba por los senderos del campus rural, almorzaba con un sándwich o un 'wrap' y tomaba una mezcla de café y capuchino con chocolate durante una larga sobremesa con mis colegas, iba a la biblioteca desde las tres hasta la hora de comer (ésta era más o menos igual que el almuerzo) y volvía a la biblioteca donde seguía estudiando hasta la medianoche. Después charlaba con compañeros o bebía cerveza en el 'Mr. Ups' (uno de los dos bares en el centro metropolitano de este pueblo) hasta las dos de la mañana. Me despertaba el día siguiente y repetía el proceso de nuevo al oler las vacas. Tenía dolor de cabeza todo el tiempo. Pensaba que me había enamorado de una chica pero fue una locura. Estudiaba mucho. Trasnochaba. Con todo, de mucho leer y poco dormir, de estar en clase con el gran peruano Ricardo, de escuchar las anécdotas de Pascual, de leer a Cesar Vallejo y conocer a Mempo Giardinelli, aprendí, algo.
En septiembre empecé mis estudios en Madrid con la misma ansia que sentía en Vermont. Encima, llegó septiembre y no volvía a enseñar, como había estado haciendo los últimos cuatro años. ¿Cómo me podría definir ahora que ya no estaba enseñando? Antes, me definía dando clase, ayudando a mis estudiantes y, de sólo pasar mis días estudiando, sentía que estaba haciendo algo muy egocéntrico.
Sin embargo, llegó un día en septiembre y tomé la decisión de que no podía más. Me rendí. Me derroté para constuirme de nuevo y la verdad es que estoy mejor.
Hoy no me machaco sobre mis estudios. Hoy, en ti, España, soy diferente. Me encantan mis clases. Me fascinan. Voy a clase y veo pelis de Vigas Luna e interpreto escenas peculiares entre un par de hermanos y sus perros, hago presentaciones sobre la sintaxis de los relacionantes supraoracionales y me salen bien y el profe no me dice "pero qué te pasa" en la mitad de mi discurso. Leo *el Quijote* y *La Regenta* y la verdad es que me siento bien con lo que puedo leer si no los leo en su totalidad. Escribo trabajos largos y solo trasnocho cuando quiero. Me río de los refranes verdes y las bromas que me gastan los profesores. Me pierdo con toda intencionalidad en los barrios que no conozco. A veces no cumplo con mis deberes y paso horas arreglado un viaje para cuando mis padres vengan a visitarme durante la Semana Santa y vayamos a comer pinxtos en el Bar Gorriti y a ver a la Virgen de la Macarena. Por tus calles, siempre encuentro algo nuevo. En Madrid he conocido a argentinos, paraguayos, polacos, gallegos, vascos, aragoneses y guiris. Voy por todos los callejones. Todos mis días son distintos.
En fin, doy gracias a Kim, Lena, Gabi, Alfredo y Conchi, Teruca, Laura, mis queridos profesores y, sobre todo, a ti, España. Que van a pasar días buenos y malos, es la verdad, pero es una increíble jornada por esta tierra y sé que durante el año que viene estarás conmigo. No me vas a dejar. Mi experiencia en España jamás me dejará.
Lena dijo
Yo no soy guiri pero también tengo un amor profundo por España, mi madre patria.
Te agradezco los agradecimientos. Da mucha satisfacción saber que te das cuenta de nuestro trabajo y lo aprecias. Es un placer tener alumnos como tú en el programa.
Y ¡sigue disfrutando tu experiencia en España!
17 Marzo 2006 | 12:24 PM