Queridos futuros middleburianos:
Nos han pedido que os dirijamos una entrada en nuestras bitácoras con el fin de ofreceros consejos para el año que vais a pasar estudiando en España (2006-2007). ¡Vaya trabajo! ¡Vaya rollo! ¿Por dónde empiezo? Es verdad que he aprendido mucho y que no soy el mismo de antes. Supongo que os puedo ofrecer algunas recomendaciones… bueno, os diré algunas y guardaré la más importante para el final.
Por una parte, os podría decir que mi biblioteca favorita para hacer mis investigaciones es CSIC, la cual está al lado del Hotel Palace, en la calle Duque de Medinaceli, porque allí los bibliotecarios son muy simpáticos; que no está bien visto por parte de los vecinos lavar vuestra ropa a las dos de la mañana; que debéis almorzar en la Tertulia y pedirles a Conchi y Alfredo que os enseñen frases como "eres más chulo que un ocho" (realmente, el ocho, con sus curvas voluptuosas, es super guay y un verdadero placer de dibujar) y "ajo y agua" (a joderse y aguantarse) y, sobre todo, que debéis tomar todas las clases con la profesora Mercedes Gil. Además os podría informar de que el sitio de la Consejería de Transportes e Infraestructuras ofrece las mejores rutas por metro y por autobús que he encontrado; y que Gabriel, el chico que trabaja en la oficina, siempre está disponible para asegurar que saquéis mayor partido a su tiempo en Madrid. Enviad postales a vuestras abuelas y seguid la mitad de lo que vuestras madres os han enseñado.
Sin embargo, no quiero escribiros muchos consejos porque, por mi parte, me parece un poco pedante ponerme en plan sabio, cuando piso mierda todos los días. Es probable que mañana el despertador suene y vuelva a sonar varias veces antes de que me levante a descubrir que solo me quedan dos calcetines limpios, un negro y otro blanco. ¿Y los calzoncillos? A lo mejor estaré en plan "comando".
Con todo, me encantan mis profesores y el programa es una maravilla: cualquier curso que elijáis será una joya. Es más: he aprendido muchas cosas dentro y fuera de la aula que me han impactado -me han cambiado-. Me defiendo mejor con el castellano y soy mejor persona que antes.
Entonces, mi mejor recomendación sería que piséis mierda. Seguid los consejos que queráis, pero os juro que, de vez en cuando, os vais a tropezar. El secreto es aprender. No os preocupéis demasiado. El programa, en su totalidad, es divertido.
servido por charlitos
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¿Cómo podría expresar el amor que guardo para ti, España? ¿Debo decirte que estoy enamorado de la tierra seca de La Mancha y los nevados Pirineos, de la costa salvaje de la Bahía de Vizcaya y el calor de la arena en Matalascañas, de Santiago de Compostela y la Sagrada Familia, de las calles castizas de Madrid y el Barrio de Santa Cruz… que me gustan los besicos en Zaragoza y el pescao frito andalú, que quiero casarme con una Esther Aguirre, una Vanesa Corté', una Carmen Llull? Hay verdad en todo eso -tu diversificación me encapsula- pero es más que chocolate con churros en San Ginés.
Soy guiri y tengo una altísima admiración por Hemingway y Washington Irving pero el amor que tengo para ti no es la misma fascinación que tienen mis compatriotas escritores. Te ríes de mí porque no tengo ni la más mínima idea de todo lo que eres. Bueno, no voy a fingir entenderte en tu totalidad; supongo que como cualquier buen matrimonio nos iremos conociendo más a través de los años.
Con todo, es un amor profundo. Me has cambiado. Si fueras doña Inés y yo el Tenorio te diría que me has salvado, me has cambiado. No soy el mismo que antes.
En julio, empecé mis estudios para conseguir mi máster en Filología Española, en el precioso pueblecito de Middlebury, Vermont, y, más o menos, supongo que me gus… bueno, en total, aprendí algo. No puedo decirte nada de malo sobre el programa, que es una maravilla, pero pasé todos los días iguales. Me despertaba a las siete, desayunaba con 'granola', iba a clase desde las ocho hasta las doce, caminaba por los senderos del campus rural, almorzaba con un sándwich o un 'wrap' y tomaba una mezcla de café y capuchino con chocolate durante una larga sobremesa con mis colegas, iba a la biblioteca desde las tres hasta la hora de comer (ésta era más o menos igual que el almuerzo) y volvía a la biblioteca donde seguía estudiando hasta la medianoche. Después charlaba con compañeros o bebía cerveza en el 'Mr. Ups' (uno de los dos bares en el centro metropolitano de este pueblo) hasta las dos de la mañana. Me despertaba el día siguiente y repetía el proceso de nuevo al oler las vacas. Tenía dolor de cabeza todo el tiempo. Pensaba que me había enamorado de una chica pero fue una locura. Estudiaba mucho. Trasnochaba. Con todo, de mucho leer y poco dormir, de estar en clase con el gran peruano Ricardo, de escuchar las anécdotas de Pascual, de leer a Cesar Vallejo y conocer a Mempo Giardinelli, aprendí, algo.
En septiembre empecé mis estudios en Madrid con la misma ansia que sentía en Vermont. Encima, llegó septiembre y no volvía a enseñar, como había estado haciendo los últimos cuatro años. ¿Cómo me podría definir ahora que ya no estaba enseñando? Antes, me definía dando clase, ayudando a mis estudiantes y, de sólo pasar mis días estudiando, sentía que estaba haciendo algo muy egocéntrico.
Sin embargo, llegó un día en septiembre y tomé la decisión de que no podía más. Me rendí. Me derroté para constuirme de nuevo y la verdad es que estoy mejor.
Hoy no me machaco sobre mis estudios. Hoy, en ti, España, soy diferente. Me encantan mis clases. Me fascinan. Voy a clase y veo pelis de Vigas Luna e interpreto escenas peculiares entre un par de hermanos y sus perros, hago presentaciones sobre la sintaxis de los relacionantes supraoracionales y me salen bien y el profe no me dice "pero qué te pasa" en la mitad de mi discurso. Leo *el Quijote* y *La Regenta* y la verdad es que me siento bien con lo que puedo leer si no los leo en su totalidad. Escribo trabajos largos y solo trasnocho cuando quiero. Me río de los refranes verdes y las bromas que me gastan los profesores. Me pierdo con toda intencionalidad en los barrios que no conozco. A veces no cumplo con mis deberes y paso horas arreglado un viaje para cuando mis padres vengan a visitarme durante la Semana Santa y vayamos a comer pinxtos en el Bar Gorriti y a ver a la Virgen de la Macarena. Por tus calles, siempre encuentro algo nuevo. En Madrid he conocido a argentinos, paraguayos, polacos, gallegos, vascos, aragoneses y guiris. Voy por todos los callejones. Todos mis días son distintos.
En fin, doy gracias a Kim, Lena, Gabi, Alfredo y Conchi, Teruca, Laura, mis queridos profesores y, sobre todo, a ti, España. Que van a pasar días buenos y malos, es la verdad, pero es una increíble jornada por esta tierra y sé que durante el año que viene estarás conmigo. No me vas a dejar. Mi experiencia en España jamás me dejará.
servido por charlitos
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Clarita, Pablo, Jon y yo salimos de Madrid a las 18 el jueves para Villanúa, un pueblo cerca de la estación de Candanchú en los Pirineos.
Al último momento, decidimos que queríamos embarcar nuestra aventura más temprano, como a las 16. Habíamos escuchado de la gran tormenta de nieve, hielo y frío que iba a cruzar por la totalidad de la peninsula y queríamos irnos cuánto antes. Esto quiere decir que como ibamos a partir más tarde, como a las 20, después de que acabara mi último clase, tuve que cambiar la reserva con Pepecar y fugarme de mis dos últimos clases, EL TEATRO ESPAÑOL y AMOR EN LA LITERATURA. Me dada pena porque me encantan estos cursos (sí, soy muy empollón) pero, como iba a ser el responsable chofér para tres personas, decidí que sería más seguro y más lógico (normalmente no soy muy prudente pero esta vez, sí era) cambiar la reserva que tuvimos.
Desgraciadamente, cuando llegamos a Pepecar, nos enteramos de que aunque había pasado una media hora con Pepecar para cambiar el contrato, el señor que me estaba ayudando cambió no sólo cambió la hora que ibamos a salir (sólo queríamos salir más temprano) pero también cambió el día desde el jueves hasta el sábado de manera que cuando fuimos a coger las llaves para salir descubrimos que no había un coche para nosotros. Con un poco de suerte, después de esperar en la oficina de Pepecar dos horas, por fin, los empleados del servicio encontró un coche para nosotros.
Salimos, y aunque nos perdimos y tuvimos que aprender como manejar los atascos de Madrid mientras que ibamos, llegamos al pequeño pueblo de Villanúa (población 300 y pico http://www.aragonesasi.com/huesca/villanua/index.php). Sin embargo, cuando llegamos al hostal, el Albergue Tritón, no había nadie para atendernos. Tocamos la puerta, timbramos, volvimos a tocarla y en fin, gracias a Dios, llegó nuestro salvador, José, un borracho cocinero que venía andando desde la montaña donde había estado preparando una cena para un grupo de militares.
José tenía la sabiduria de empujar la puerta. Entramos y encontramos una habitación abierta con seis camas literas para quedarnos. Los dueños, aparentamente, se habían acostado sin limpiar el cuarto, pero, ni importa, tuvimos un lugar para dormir.

Nuestro salvador y nostros.

El Albergue Tritón
Nos despertamos el próximo día a las ocho y después de buscar por un pequeño rato y tomar un café en uno de los pocos bares de Villanúa entramos a la dueña.
Salimos por Candanchú. Alquilamos el equipaje y pasamos un día maravilloso disfrutando de la belleza natural de las montañas. Las fotos hablan por si mismas. El sector es una maravilla.



En fin, cuando decidimos salir, con sueño y cuerpos doloridos, estaba cayendo un montón de nieve.

Después de pasar un largo rato en un café en Candanchú, tratando de decidir si debíamos pasar otra noche en Villanúa o salir en seguida para Madrid para evitar la tormenta, llegamos a la conclusión que, como teníamos mucho sueño y el próximo día tal vez no caería tanta nieve decidimos pasar otra noche en el Albergue.
Fue buena decisión porque Jon hizo una parallida tremenda y, a pesar del frío, pasamos una linda noche cocinando sobre la barbacoa en la terraza del hostal.

Solo nos queda en este momento una cebollita porque el chorizo, las alcachofas y los espárragos eran tan buenos que devoramos todo en el momento después de cocinarlo.
Hacía mucho frío.

Todos teníamos diferentes maneras de combatirlo.
Sobrevivimos. El esquí y la barbacoa eran éxitos.
Volvimos el próximo día sin novedad y al llegar en mi piso, tomé la decisión de cambiar un poco. Puedes ver el resultado en mi otra bitákora:
www.lacoctelera/charlitoslibre
¡Qué viaje!
servido por charlitos
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