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La Coctelera

VOY TIRANDO...

pedos

Categoría: El cuerpo

2 Abril 2006

Entre el ombligo y el corazón

¿Por qué decimos 'te amo corazón' y no 'te amo ombligo'? Estos huequitos -en mi caso, un verdadero hueco, hondo y pelludo- en la mitad de nuestras barrigas sirvieron, por alrededor de nueve meses en todos los casos, como las fuentes de nuestras vidas, nuestra conexión con nuestras madres.

Mi hermano da importancia a su ombligo. Puede meter una bolita o una uva dentro y, de alguna manera, es capaz de flexionar sus músculos y tirarla dos, hasta tres metros.

Algunos suelen adornarlos con aretes y joyas. Algunos llevan camisetas cortas que se lo permiten ver a todos los espectadores, estos normalmente aseguran de que no tengan pelusa de ombligo antes de poner tales prendas. Algunos ombligos no son muy ondos y otros, como el mío, son como el Gran Canyón.

Me he acostado en la cama para contemplar mi ombligo. He pasado horas y horas haciéndolo. La verdad es que me ha hecho sentir muy deprimido.

No se puede hacer lo mismo con el corazón porque no se lo puede ver de tal manera. Para contemplar el corazón, hay que vivir. Hay que correr, hay que amar, hay que llorar, hay que reírse.

Me encuentro ahora entre mi ombligo y mi corazón. Puedo acostarme, ponerme a contemplar mi ombligo y no hacer nada. O... puedo arriesgarlo todo, sal a vivir de mi corazón y no de mi ombligo. Amo a mi ombligo y me recuerda de que por nueve meses (actualmente en mi caso, diez, pero esto será para otra entrada) dependía de otra persona y no hacía nada. Era un feto que crecía gradualmente dentro de la matriz de mi madre.

Ahora bien, he salido, o, a lo mejor, a los veintisiete años estoy empezando a salir y vivir de mi corazón. Respiro y siento los latidos irregulares y rápidos. Me encuentro más o menos bien. Voy viviendo, voy tirando, entre la contemplación de mi ombligo y de mi corazón.

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21 Marzo 2006

'Vos orteils': tus dedos del pie

Mattey, amigo mío, tú tienes unos dedos del pie que son como las figuras en las pinturas de Pablo Picasso (como los pies de las mujeres en Deux femmes courant sur la plage) -gordos, redondos, voluminosos- los pulgares de tus pies son del tamaño de las palmas de mis manos y los dedos tan gruesos como las porras en San Ginés sin el chocolate, son de un hombre de 125 kilos que mide más de dos metros, el jugador de rugby que era 'prop', que bebía cerveza como agua y solo comía el bistec sangrante, masticándolo con su boca abierta. ¡Animal! ¡Salvaje!

Hermanita mía, Bizzy Lizzy, ¿recuerdas como te molestábamos sobre tus dedos del pie? Es que tienen una anatomía anormal, chica. Todos son largos y lisos pero los dedos corazones son mucho más largos que todos los demás. Podrías emplearlos para cortar pelo o para preparar una ensalada. Encima, cuántas veces he sufrido los pellizcos que me has pegado en mi culo robusto cuando me he sentado a tu lado en el sofá: sabes manejarlos como las pinzas de una langosta. ¡Ayuuy!

Shakira es artista y los de ella deben tener tatuajes o, a lo mejor, deben llevar anillos de plata que ella debía haber comprado en un viaje por Marruecos. Son dedos del pie muy chéveres, chéverevereveres, son bacanos para que pueda tocar la guitarra mientras que baila y canta en un césped verde.

Los de Bruce Willis, fuertes y cuadrados, como si fueran cortados de mármol o forjados de hierro, y le sirven para apagar cigarros mientras que sonríe irónicamente porque nada le afecta.

Y aahhhrrrr… los de Penélope Cruz... tienen que ser super sexis, sumamente femeninos y metrosexuales, para que pueda pintarse las uñas y llevar estos tacones puntiagudos, y sus dedos del pie deben saber a jamón, jamón, pero si tuvieran un pequeñito defectito o no fueran voluptuosos, los podría arreglar con cirugía plástica. Si bien tiene dedos del pie falsos, no importa, la profundidad de sus enormes ojos oscuros basta. Si Penélope lo quisiera, yo sería su Ulises.

No te enfades conmigo Penélope porque los míos son feos, cortos y peludos con una piel dura, como si fueran de cuero, como los pies de los 'Hobbits' en El Señor de los anillos. Tienen hongos, que cogí en el vestuario cuando jugaba fútbol americano en el colegio hace casi diez años. Las uñas son algo amarillentas y los 'pinkys', los meñiques, se parecen a las cabezas de las tortugas. Mis dedos del pie están torcidos de tanto jugar fútbol en la playa y de correr descalzo por el bosque y por la arena en el verano. Son primitivos. Son de un neandertal.

Desnudádoslos. Quitados vuestros zapatos y vuestros calcetines. No os desmayéis. Examínadlos. Libradlos para que puedan respirar. Sumérgedlos en uvas para hacer el sagrado vino. Pongados chanclas o sandalias como los pastores, como San Francisco de Asís. ¡Juntos, haremos una revolución! ¡'LIBERTÉ, EGALITÉ, FRATERNITÉ'!

Dime cómo son tus dedos del pie y te diré quién eres.

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Sobre mí

¿Quién soy en un párrafo? Charlie, Carlos, Charlitos, Charles. Estudiante/profesor, madrileño/guiri, vegetariano/carnívoro, paremiologista-romántico, un oxímoron, una contradicción de términos. Me gusta madrugar y trasnochar. Me gusta un café con un cigarro después de nadar. Suelo habitar en los extremos. Que este sea un viaje por las valles verdes, el Río Napo, la tundra, las dunas del desierto, las Pirámides y los acantilados rocosos de Arizona. Situados en mi barca mágica. Agarrados bien.

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