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La Coctelera

VOY TIRANDO...

pedos

4 Octubre 2006

¿Latitud 42.9408376, longitud 78.7358367?

Me fascina pensar en cómo sería mi perieco. Al momento de conocer a mi perieco, no creo que vaya a encontrar a la única persona que me entiende. No será mi tocayo. No será mi alma gemela. No será mi amante.

Me han dicho que mi perieco vive en el mismo paralelo, la misma longitud y latitud, pero en el lado opuesto del planeta de mí.

Antes, pensaba que mi perieco me daría la gran respuesta. Mi perieco entendería los misterios. Tendría la llave secreta a la vida. Pensaba tener solo UN perieco.

No sé si mi perieco sería más mi opuesto o mi reflejo. Es muy posible que, cada vez que miro al espejo, le esté viendo y él me vea. No somos tan diferentes.

Pero, si cuando lo ve, puedo contemplarlo como un ser que siente, duda, ama, tiene sed y come pan, entonces lo veré para lo que es y me veré, en parte, para lo que soy. En vez de darme la respuesta, me ayudará a pensar en las respuestas. Mi perieco me ayudará a afirmar la vida. De alguna manera, todos somos periecos.

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29 Junio 2006

Las hipotéticas

-¿Qué hubieras hecho si hubieras conocido a una chica estupenda antes de recibir la oportunidad de tu vida, algo con que habías soñado hacer, pero pasa que ocurre en otro país? No la hubieras despedido para cumplir con tus sueños? ¿No la hubieras dejado para cumplir con tus sueños? Lo siento... sé que estoy siendo demasiado hipotética...

-"¿Qué es poesía y tú me lo preguntas?" Soy soñador, eso sí, pero me gustaría pensar que en tal situación, que no, que no la hubiera dejado. Si es una chica estupenda, como dices, ¿por qué la dejaría?

El problema es que no puedo decirte que haría porque no he tenido la oportunidad de conocer a esta persona pero si las hipotéticas no eran tan hipotéticas y si tu, amiga hipotética, te podrías convertir en una verdad, te digo ahora, mientras "clavas en mi pupila, tu pupila azul" que no, que nunca te dejaría.

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26 Abril 2006

Un monologuito interior antes de dormir

¿En qué piensas cuando estás acostado en tu cama, mirando el ombligo, en los últimos momentos antes de dormirte? Te diré un poco de lo que hago, quien pienso que soy y intentaré ser lo más honesto posible. (Por cierto, un amigo me dijo el otro día que sólo tienes que ser honesto contigo mismo y creo que tiene mucha razón, pero esto será otra entrada.)

Intentaré también decir las cosas que tienen que ver con las otras porque noventa por ciento del tiempo me pierdo diciendo cosas que no tienen ninguna relación con lo que quiero decir (creo que lo estoy haciendo ahora) y después, al darme cuenta de esto, me pongo triste y pienso "Desde ahora voy a hablar menos, en verdad, pienso dejar de hablar" pero esto no dura mucho tiempo porque, como sufro de un interminable caso de diarrea de la boca, de pronto me encuentro diciendo más gilipolleces.

Antes de dormirme, rezo. Recientemente, rezo la Oración de la Serenidad: "Dios concédeme la serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, valor para cambiar aquellas que puedo y sabiduría para reconocer la diferencia". Después, pido que Dios les bendiga a mis padres, a mi abuela, a mis hermanos y a mis sobrinos y también que los que se han ido, mis abuelos y mi abuela, me ayuden. Honestamente, eso para mí, cuando lo pongo en práctica, funciona. Esta oración de la serenidad es mi mantra.

(Si querías, podrías pensar, ah, estos estadounidenses con su super religiosidad que la llevan como una bandera para que todo el mundo la vea, pero, por favor, mírame como una persona y no como un estereotipo de mi país. No estoy hablando realmente de la religión sino de mi fe, que para mí, puede ser relacionada con la religión, pero no es lo mismo. ¿Tengo fe? En parte, sí, pero veinticuatro horas al día sin dudar, honestamente… vamos, estoy en ello. Mi fe, para mí, es más una necesidad; si no, estoy desesperado, es la única cosa que me puede liberar de mis angustias, preocupaciones, resentimientos, remordimientos, etc., etc., etc. Más, es una cosa que quiero llegar a tener. Ah, a propósito, aquí, por ejemplo, estoy diciendo una cosa que a lo mejor no tiene nada que ver con la otra, porque quería hablar de los últimos momentos antes de acostarme y ahora no lo estoy haciendo, para que sepas, así soy: bienvenido a mi mundo.)

Digo la Oración de la Serenidad porque, si no, entonces, antes de dormirme, me meto en pensamientos así: me digo que no he ido a mi primera clase hoy porque me he quedado dormido y que he apagado mi despertador a las ocho y que he dormido casi hasta las once, que nos han dicho que no podemos perder más que dos clases sin perder el curso, que he fumado tal vez un medio paquete, que todavía no he dejado de fumar y tampoco he comido bien, que un hombre no puede vivir solo de café con leche y pinchos de tortilla, que mi cuarto es un desastre, ¿qué es este ruido que están haciendo los vecinos?, para ser feliz, hay que hacer ejercicios, ¿por qué no los haces?, que en vez de trabajar en mi proyecto de Neruda, he visto un episodio de Cuéntame cómo pasó que compré el otro día a unos cuarenta euros (les echo de menos a mi familia y a mis hermanas mucho y este programa, aunque sea de España durante los últimos momentos de la dictadura me recuerda cómo es estar entre mis hermanos, ¡AH!, ahora me encuentro de nuevo hablando de cosas que no tienen nada de ver con las otras), que por qué había gastado este dinero, ¡ah!, encima, compré la primera temporada de Aída (el Corte Inglés debe estar muy feliz conmigo) y después tuve que comprar la canción de Bebe en i tunes que es de este programa, que ya son las dos de la mañana y todavía no me he dormido y sigo dando vueltas así, por qué soy así, qué es lo que me pasa, que, por qué, no se qué, que, que…

Así puedo ser. Tengo un constante diálogo interior que te cagas. Bienvenido al laberinto de mi cerebro: ojo, piso mojado, curvas peligrosas, cuidado.

En parte, siempre llevaré este laberinto dentro. Seguro que seguiré con muchos de mis defectos. Mañana diré más gilipolleces, pero, que no me voy a callar, que pienso que, en realidad, soy buena persona, que mañana será otro día y me voy a dedicar a terminar mi trabajo de Neruda y lo voy a hacer y me gusta escribir realmente, hasta los trabajos expositivos y las investigaciones me gustan, que me encanta estar con mis profesores, que les doy muchas gracias porque sois muy majos, que estoy agradecido, que Dios les bendiga y a mi familia también, que, Dios, me concedes la serenidad para dormir y para aceptar las cosas como son y valor para cambiar las que puedo y que… me duermo.

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19 Abril 2006

Pisad mierda.

Queridos futuros middleburianos:
Nos han pedido que os dirijamos una entrada en nuestras bitácoras con el fin de ofreceros consejos para el año que vais a pasar estudiando en España (2006-2007). ¡Vaya trabajo! ¡Vaya rollo! ¿Por dónde empiezo? Es verdad que he aprendido mucho y que no soy el mismo de antes. Supongo que os puedo ofrecer algunas recomendaciones… bueno, os diré algunas y guardaré la más importante para el final.

Por una parte, os podría decir que mi biblioteca favorita para hacer mis investigaciones es CSIC, la cual está al lado del Hotel Palace, en la calle Duque de Medinaceli, porque allí los bibliotecarios son muy simpáticos; que no está bien visto por parte de los vecinos lavar vuestra ropa a las dos de la mañana; que debéis almorzar en la Tertulia y pedirles a Conchi y Alfredo que os enseñen frases como "eres más chulo que un ocho" (realmente, el ocho, con sus curvas voluptuosas, es super guay y un verdadero placer de dibujar) y "ajo y agua" (a joderse y aguantarse) y, sobre todo, que debéis tomar todas las clases con la profesora Mercedes Gil. Además os podría informar de que el sitio de la Consejería de Transportes e Infraestructuras ofrece las mejores rutas por metro y por autobús que he encontrado; y que Gabriel, el chico que trabaja en la oficina, siempre está disponible para asegurar que saquéis mayor partido a su tiempo en Madrid. Enviad postales a vuestras abuelas y seguid la mitad de lo que vuestras madres os han enseñado.

Sin embargo, no quiero escribiros muchos consejos porque, por mi parte, me parece un poco pedante ponerme en plan sabio, cuando piso mierda todos los días. Es probable que mañana el despertador suene y vuelva a sonar varias veces antes de que me levante a descubrir que solo me quedan dos calcetines limpios, un negro y otro blanco. ¿Y los calzoncillos? A lo mejor estaré en plan "comando".

Con todo, me encantan mis profesores y el programa es una maravilla: cualquier curso que elijáis será una joya. Es más: he aprendido muchas cosas dentro y fuera de la aula que me han impactado -me han cambiado-. Me defiendo mejor con el castellano y soy mejor persona que antes.

Entonces, mi mejor recomendación sería que piséis mierda. Seguid los consejos que queráis, pero os juro que, de vez en cuando, os vais a tropezar. El secreto es aprender. No os preocupéis demasiado. El programa, en su totalidad, es divertido.

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2 Abril 2006

Entre el ombligo y el corazón

¿Por qué decimos 'te amo corazón' y no 'te amo ombligo'? Estos huequitos -en mi caso, un verdadero hueco, hondo y pelludo- en la mitad de nuestras barrigas sirvieron, por alrededor de nueve meses en todos los casos, como las fuentes de nuestras vidas, nuestra conexión con nuestras madres.

Mi hermano da importancia a su ombligo. Puede meter una bolita o una uva dentro y, de alguna manera, es capaz de flexionar sus músculos y tirarla dos, hasta tres metros.

Algunos suelen adornarlos con aretes y joyas. Algunos llevan camisetas cortas que se lo permiten ver a todos los espectadores, estos normalmente aseguran de que no tengan pelusa de ombligo antes de poner tales prendas. Algunos ombligos no son muy ondos y otros, como el mío, son como el Gran Canyón.

Me he acostado en la cama para contemplar mi ombligo. He pasado horas y horas haciéndolo. La verdad es que me ha hecho sentir muy deprimido.

No se puede hacer lo mismo con el corazón porque no se lo puede ver de tal manera. Para contemplar el corazón, hay que vivir. Hay que correr, hay que amar, hay que llorar, hay que reírse.

Me encuentro ahora entre mi ombligo y mi corazón. Puedo acostarme, ponerme a contemplar mi ombligo y no hacer nada. O... puedo arriesgarlo todo, sal a vivir de mi corazón y no de mi ombligo. Amo a mi ombligo y me recuerda de que por nueve meses (actualmente en mi caso, diez, pero esto será para otra entrada) dependía de otra persona y no hacía nada. Era un feto que crecía gradualmente dentro de la matriz de mi madre.

Ahora bien, he salido, o, a lo mejor, a los veintisiete años estoy empezando a salir y vivir de mi corazón. Respiro y siento los latidos irregulares y rápidos. Me encuentro más o menos bien. Voy viviendo, voy tirando, entre la contemplación de mi ombligo y de mi corazón.

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29 Marzo 2006

¿A dónde has ido, Che?

Os llamo compadres para que contéis conmigo. Tenéis los relojes, yo el tiempo.

Por favor, apagad los móviles. No kiero un SMS. Lo100. Los miles de canciones que tenemos guardados en los Ipods, la rapidez de googlear y inmediatez de Instant Messenger y el ciberespacio -todo está a nuestro alcance con el Internet y todavía somos incapaces de expresarnos.

¿Quieres tomar algo? ¿Café y una palmera de chocolate, quizá? ¿Damos un paseo? Compañero, ven a compartir el pan conmigo. Ya es la hora de tomar un rato. Ahora más que nunca.

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21 Marzo 2006

'Vos orteils': tus dedos del pie

Mattey, amigo mío, tú tienes unos dedos del pie que son como las figuras en las pinturas de Pablo Picasso (como los pies de las mujeres en Deux femmes courant sur la plage) -gordos, redondos, voluminosos- los pulgares de tus pies son del tamaño de las palmas de mis manos y los dedos tan gruesos como las porras en San Ginés sin el chocolate, son de un hombre de 125 kilos que mide más de dos metros, el jugador de rugby que era 'prop', que bebía cerveza como agua y solo comía el bistec sangrante, masticándolo con su boca abierta. ¡Animal! ¡Salvaje!

Hermanita mía, Bizzy Lizzy, ¿recuerdas como te molestábamos sobre tus dedos del pie? Es que tienen una anatomía anormal, chica. Todos son largos y lisos pero los dedos corazones son mucho más largos que todos los demás. Podrías emplearlos para cortar pelo o para preparar una ensalada. Encima, cuántas veces he sufrido los pellizcos que me has pegado en mi culo robusto cuando me he sentado a tu lado en el sofá: sabes manejarlos como las pinzas de una langosta. ¡Ayuuy!

Shakira es artista y los de ella deben tener tatuajes o, a lo mejor, deben llevar anillos de plata que ella debía haber comprado en un viaje por Marruecos. Son dedos del pie muy chéveres, chéverevereveres, son bacanos para que pueda tocar la guitarra mientras que baila y canta en un césped verde.

Los de Bruce Willis, fuertes y cuadrados, como si fueran cortados de mármol o forjados de hierro, y le sirven para apagar cigarros mientras que sonríe irónicamente porque nada le afecta.

Y aahhhrrrr… los de Penélope Cruz... tienen que ser super sexis, sumamente femeninos y metrosexuales, para que pueda pintarse las uñas y llevar estos tacones puntiagudos, y sus dedos del pie deben saber a jamón, jamón, pero si tuvieran un pequeñito defectito o no fueran voluptuosos, los podría arreglar con cirugía plástica. Si bien tiene dedos del pie falsos, no importa, la profundidad de sus enormes ojos oscuros basta. Si Penélope lo quisiera, yo sería su Ulises.

No te enfades conmigo Penélope porque los míos son feos, cortos y peludos con una piel dura, como si fueran de cuero, como los pies de los 'Hobbits' en El Señor de los anillos. Tienen hongos, que cogí en el vestuario cuando jugaba fútbol americano en el colegio hace casi diez años. Las uñas son algo amarillentas y los 'pinkys', los meñiques, se parecen a las cabezas de las tortugas. Mis dedos del pie están torcidos de tanto jugar fútbol en la playa y de correr descalzo por el bosque y por la arena en el verano. Son primitivos. Son de un neandertal.

Desnudádoslos. Quitados vuestros zapatos y vuestros calcetines. No os desmayéis. Examínadlos. Libradlos para que puedan respirar. Sumérgedlos en uvas para hacer el sagrado vino. Pongados chanclas o sandalias como los pastores, como San Francisco de Asís. ¡Juntos, haremos una revolución! ¡'LIBERTÉ, EGALITÉ, FRATERNITÉ'!

Dime cómo son tus dedos del pie y te diré quién eres.

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15 Marzo 2006

España en mi corazón

¿Cómo podría expresar el amor que guardo para ti, España? ¿Debo decirte que estoy enamorado de la tierra seca de La Mancha y los nevados Pirineos, de la costa salvaje de la Bahía de Vizcaya y el calor de la arena en Matalascañas, de Santiago de Compostela y la Sagrada Familia, de las calles castizas de Madrid y el Barrio de Santa Cruz… que me gustan los besicos en Zaragoza y el pescao frito andalú, que quiero casarme con una Esther Aguirre, una Vanesa Corté', una Carmen Llull? Hay verdad en todo eso -tu diversificación me encapsula- pero es más que chocolate con churros en San Ginés.

Soy guiri y tengo una altísima admiración por Hemingway y Washington Irving pero el amor que tengo para ti no es la misma fascinación que tienen mis compatriotas escritores. Te ríes de mí porque no tengo ni la más mínima idea de todo lo que eres. Bueno, no voy a fingir entenderte en tu totalidad; supongo que como cualquier buen matrimonio nos iremos conociendo más a través de los años.

Con todo, es un amor profundo. Me has cambiado. Si fueras doña Inés y yo el Tenorio te diría que me has salvado, me has cambiado. No soy el mismo que antes.

En julio, empecé mis estudios para conseguir mi máster en Filología Española, en el precioso pueblecito de Middlebury, Vermont, y, más o menos, supongo que me gus… bueno, en total, aprendí algo. No puedo decirte nada de malo sobre el programa, que es una maravilla, pero pasé todos los días iguales. Me despertaba a las siete, desayunaba con 'granola', iba a clase desde las ocho hasta las doce, caminaba por los senderos del campus rural, almorzaba con un sándwich o un 'wrap' y tomaba una mezcla de café y capuchino con chocolate durante una larga sobremesa con mis colegas, iba a la biblioteca desde las tres hasta la hora de comer (ésta era más o menos igual que el almuerzo) y volvía a la biblioteca donde seguía estudiando hasta la medianoche. Después charlaba con compañeros o bebía cerveza en el 'Mr. Ups' (uno de los dos bares en el centro metropolitano de este pueblo) hasta las dos de la mañana. Me despertaba el día siguiente y repetía el proceso de nuevo al oler las vacas. Tenía dolor de cabeza todo el tiempo. Pensaba que me había enamorado de una chica pero fue una locura. Estudiaba mucho. Trasnochaba. Con todo, de mucho leer y poco dormir, de estar en clase con el gran peruano Ricardo, de escuchar las anécdotas de Pascual, de leer a Cesar Vallejo y conocer a Mempo Giardinelli, aprendí, algo.

En septiembre empecé mis estudios en Madrid con la misma ansia que sentía en Vermont. Encima, llegó septiembre y no volvía a enseñar, como había estado haciendo los últimos cuatro años. ¿Cómo me podría definir ahora que ya no estaba enseñando? Antes, me definía dando clase, ayudando a mis estudiantes y, de sólo pasar mis días estudiando, sentía que estaba haciendo algo muy egocéntrico.

Sin embargo, llegó un día en septiembre y tomé la decisión de que no podía más. Me rendí. Me derroté para constuirme de nuevo y la verdad es que estoy mejor.

Hoy no me machaco sobre mis estudios. Hoy, en ti, España, soy diferente. Me encantan mis clases. Me fascinan. Voy a clase y veo pelis de Vigas Luna e interpreto escenas peculiares entre un par de hermanos y sus perros, hago presentaciones sobre la sintaxis de los relacionantes supraoracionales y me salen bien y el profe no me dice "pero qué te pasa" en la mitad de mi discurso. Leo *el Quijote* y *La Regenta* y la verdad es que me siento bien con lo que puedo leer si no los leo en su totalidad. Escribo trabajos largos y solo trasnocho cuando quiero. Me río de los refranes verdes y las bromas que me gastan los profesores. Me pierdo con toda intencionalidad en los barrios que no conozco. A veces no cumplo con mis deberes y paso horas arreglado un viaje para cuando mis padres vengan a visitarme durante la Semana Santa y vayamos a comer pinxtos en el Bar Gorriti y a ver a la Virgen de la Macarena. Por tus calles, siempre encuentro algo nuevo. En Madrid he conocido a argentinos, paraguayos, polacos, gallegos, vascos, aragoneses y guiris. Voy por todos los callejones. Todos mis días son distintos.

En fin, doy gracias a Kim, Lena, Gabi, Alfredo y Conchi, Teruca, Laura, mis queridos profesores y, sobre todo, a ti, España. Que van a pasar días buenos y malos, es la verdad, pero es una increíble jornada por esta tierra y sé que durante el año que viene estarás conmigo. No me vas a dejar. Mi experiencia en España jamás me dejará.

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Sobre mí

¿Quién soy en un párrafo? Charlie, Carlos, Charlitos, Charles. Estudiante/profesor, madrileño/guiri, vegetariano/carnívoro, paremiologista-romántico, un oxímoron, una contradicción de términos. Me gusta madrugar y trasnochar. Me gusta un café con un cigarro después de nadar. Suelo habitar en los extremos. Que este sea un viaje por las valles verdes, el Río Napo, la tundra, las dunas del desierto, las Pirámides y los acantilados rocosos de Arizona. Situados en mi barca mágica. Agarrados bien.

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